martes, 16 de agosto de 2011

EL CAMINO A LA EDUCACIÓN LIBERTARIA

Martes 16 Agosto 2011

La aspiración de todos los países del mundo es alcanzar el desarrollo. No obstante, el uso de esta palabra es poco claro. ¿Qué entendemos por desarrollo? ¿Nos referimos al PIB per capita o hablamos de un concepto mucho más profundo y que guarda relación con la ciudadanía social?

Desde mi punto de vista, el desarrollo engloba varios aspectos de la sociedad humana. Un aspecto obviamente está relacionado con el nivel de ingresos que tengan los habitantes, esto porque sin un adecuado ingreso per capita no es posible acceder a comprar ciertos bienes de consumo y varios servicios, que sin ser imprescindibles para la vida pueden ser importante para la felicidad que persiguen los individuos. Por ejemplo, un bonito reloj, este bien no es esencial para la existencia humana, pero puede otorgar ciertos niveles de satisfacción que una persona puede valorar. Otro aspecto del desarrollo de una sociedad se relaciona con la capacidad de ésta de proveer bienes públicos fundamentales para la adecuada realización de sus miembros. Ejemplos de estos bienes y servicios públicos son la educación, la salud, la vivienda, la alimentación, la energía, el agua y las telecomunicaciones. En mi opinión, todo lo anterior debe ser provisto por el Estado dado que son bienes y servicios indispensables para el desarrollo social. La educación no es una mercancía en donde el mercado entregue las soluciones a través de una mano invisible. La educación no busca eficiencia, sino que equidad. Detengámonos a pensar en la siguiente situación, una población pobre con muchos niños y jóvenes en riesgo social. ¿Existirá algún privado que este dispuesto a colocar un Colegio en el sector? Algunos argumentarán que no. ¿Por qué? Porque los privados sólo buscan maximizar la utilidad, y en un lugar pobre no existen los recursos para pagar al privado de modo que este exceda sus costos y pueda lucrar. Esta respuesta es correcta desde el punto de vista neoliberal en donde los agentes sólo buscan tener utilidades, excedentes o lucro. Ahora bien, existirá otro grupo que dirá “de acuerdo a la evidencia empírica se puede sostener que, en efecto, existen colegios particular subvencionados que se establecen en comunas pobres con alumnos vulnerables” y es cierto, uno puede ir a cualquier base de datos en Chile y encontrar muchos colegios o liceos particular subvencionados. La pregunta que surge entonces es, si los privados se establecen en comunas pobres y con altos índices de riesgo social ¿por qué oponerse a que lleguen a esas comunas si el Estado no lo hace? La respuesta a esta pregunta es simple, y guarda directa conexión con los valores republicanos de Chile. La Educación es un derecho no un negocio. Si el privado va y se establece en comunas como Cerro Navia, Lo Prado, Quinta Normal y tantas otras de Chile, es porque puede lucrar y lucra gracias a las subvenciones del Estado. El Estado “externaliza” su deber de otorgar Educación de Calidad a los chilenos y chilenas. El gran problema que veo con este tipo de establecimientos, que lucran con la ayuda del Estado, es su baja calidad, no proveen un servicio del nivel que Chile requiere. El Estado es el organismo que debería encargarse de esta noble tarea y para ello podría utilizar estas subvenciones y subir el impuesto a las empresas (17% en la actualidad, uno de los más bajos del mundo, a un 30% impuesto en países tales como Australia) Con esa inyección de recursos adicionales perfectamente se podría aspirar a una Educación Pública y Gratuita en todos los niveles.

Algunos neoliberales argumentan que el acceso que genera la educación particular subvencionada ha generado grandes oportunidades. Eso es innegable, lo podemos ver día tras día como las universidades privadas de mala calidad han proliferado, generando tremendas oportunidades para los inversionistas de estas verdaderas empresas de la educación. Alumnos admitidos sin las bases necesarias y que se les exige a un nivel irreal que los lleva a reprobar ramos, alargar sus estadías en las universidades, y por lo tanto, el período que deben seguir pagando. Si su motivación fuera la educación como un valor en sí mismo, estas casas de estudios tendrían un primer año que sería sólo para nivelación, y en la mayoría de esos planteles no existen dichos programas. Sería injusto de mi parte no reconocer que existen universidades privadas no tradicionales que son de calidad, pero son las excepciones de la regla. Así como también hay tradicionales que son de muy baja calidad. La diferencia está en que las tradicionales de baja calidad están en franca decadencia, mientras que las privadas no tradicionales de baja calidad construyen nuevos edificios año tras año ¿Por qué no invertir más en el capital humano que hace las clases e investigación, que en el capital físico?

Una educación pública y gratuita es posible, es sólo cuestión de voluntad política y transparencia. Este es el único camino para poder siquiera pensar en aspirar al desarrollo social. Si los empresarios o inversionistas de la educación ven un riesgo en mis palabras, les digo que no se preocupen. El empresariado chileno se caracteriza por su creatividad e innovación, así que si los mineros del carbón de Lota pudieron reconvertirse, estoy muy confiado en que los empresarios con sus enormes equipos de asesores y técnicos también podrán. Los invito a migrar a otros sectores de la economía y dejar los bienes y servicios públicos al Estado.

Otra razón esencial por la que el Estado debe asumir la responsabilidad de educar a sus habitantes es que existen sectores en donde los privados realmente no tienen incentivos para establecerse. Por ejemplo, si un privado o tecnócrata debe decidir donde gastar un peso en educación, y sus opciones son Ñuñoa y Cerro Navia, claramente escogerán Ñuñoa. ¿Por qué? Porque es la decisión eficiente. El peso que se invierta en los jóvenes de Ñuñoa tiene un retorno mucho más seguro que si se hiciera lo mismo en Cerro Navia. En Ñuñoa los jóvenes tienen un ambiente más seguro, sus padres tienden a tener mayor capital cultural, y se genera una cadena de retroalimentaciones positivas producto de las dos razones mencionadas. En Cerro Navia, como todo en la vida, puede haber excepciones, pero la tendencia será a que los jóvenes no terminen sus estudios producto de la enorme vulnerabilidad social en la que viven, y por lo tanto, son una “inversión” mucho más “riesgosa”. De ahí la necesidad de tener al tecnopol[1], esa combinación de político y técnico. El político es el que tiene la visión de equidad, de igualdad de oportunidades que lo llevará a invertir ese peso en Cerro Navia por razones de justicia y movilidad social, y la parte técnica es lo que le indicará cuál es el mejor camino para “estrujar” ese peso para generar el mayor beneficio social. Con esto no digo que haya que olvidarse de Ñuñoa, por supuesto que no, todos tenemos derecho a la Educación y muchos otros bienes públicos (medio ambiente limpio, seguridad ciudadana, etc.) pero si se debe tener claro donde se reivindica primero y dónde se requiere intervención del Estado con mayor urgencia.


Ya hemos analizado las razones para una Educación Pública y Gratuita. Ahora, quisiera enfatizar antes de seguir con la discusión, que este concepto de gratuidad es algo confuso. Estoy convencido que hacemos un uso abusivo de la palabra “gratuita”. Recordemos que el Estado financia su accionar con los impuestos que recauda de las actividades comerciales en las que todos nos vemos involucrados. Por lo tanto, cada uno de nosotros, desde el más pobre al más rico, paga sus impuestos y estos dineros que van a las arcas fiscales son justamente para la provisión de los bienes públicos (educación, salud, caminos, etc.) Así que hablar de gratuidad es una mala palabra, ya que estamos pagando por ella a través de los impuestos. Recuerdo una anécdota que me pasó en Tuscaloosa, Alabama. Fui con un amigo estadounidense a buscar a sus hijos al colegio, y este colegio era increíble, tenía computadores de última generación, un gimnasio impresionante, salas con su propio data-show, profesores para “high school” con masters de muy buen nivel, entonces en mi infinita ignorancia le pregunté en inglés “¿es una escuela privada?” Y me dijo “No” con un tono muy relajado y yo le pregunté con gran sorpresa “¿o sea que es pública?” y él me dijo “Sí”, ante lo cual pregunté nuevamente “¿o sea que no pagas” y me dijo “Pago mis impuestos, este es mi derecho y el de mi familia” (Thank you Ken Hanby Jr.)


[1] Tecnopol es empleado como lo hace Jorge Domínguez en sus papers de mediados de los años 90. 

Jorge Rojas @jorrojas_
Secretario Internacional Indignados.

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